¿QUE HAY DENTRO DE TU CORAZÓN?

“Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?”
Jer 17:9

Introducción:
Durante aproximadamente doce años, frecuenté casi a diario las instalaciones de un ministerio en el cual Dios me permitió trabajar; para entrar a ese lugar era necesario pasar por una calle de terracería la cual no había sido descombrada del todo pues no había allí otras construcciones aparte del edificio de este ministerio, así que quedaban muchos arbustos en medio de los cuales sobresalían entre cinco a seis árboles grandes y fuertes, pero de manera especial uno muy alto, fuerte cuyas ramas se extendían a por todos sus lados.

1. El Árbol frondoso:
Este árbol era grueso, sus raíces se veían que estaban bien introducidas y arraigadas en el suelo, sus ramas fuertes y verdes, y aunque poco a poco fue perdiendo su vitalidad, aún después de muchos años conservaba una apariencia agradable, incluso de vez en cuando se veían correr dentro de su follaje pájaros de toda clase y ardillas que aún quedaban en el lugar; era un árbol que nadie hubiese querido que desapareciera del ambiente natural en el cual fue puesto.

2. El Árbol derribado:
Uno de aquellos tantos días que pasé por ese lugar, de pronto me di cuenta que estaban cortando el árbol; y aunque era necesario hacerlo, pues estaba casi en medio de la calle por la cual pasaba, me sentí bastante triste al ver su aspecto. Pasaron los días y aquel hermoso árbol poco a poco fue convirtiéndose en leña para el fuego. En realidad fue muy triste para muchos que estábamos acostumbrados a admirar su imponencia en aquel lugar; verle ahora derribado.

3. El Árbol podrido:
Días después comentaba este asunto con un hermano que trabajaba en mantenimiento de las instalaciones de este ministerio y él me contaba que lo fueron cortando rama por rama para poder botarlo, pero que cuando llegaron a su tallo, que era muy grueso salieron de su interior toda clase de bichos; ratones, murciélagos, lagartijas, cucarachas y hasta serpientes.

Me puse a pensar que así es la vida de muchas personas, que físicamente se ven bien, se sonríen con los demás, incluso ayudan a otros a salir adelante en sus problemas, pero tienen el corazón podrido, lleno de toda clase de bichos que el enemigo ha introducido en sus corazones; amarguras, rencores, envidias, egoísmos, lujuria, lascivia, maledicencia y toda clase de pecado. Entrégale tu corazón a Cristo, su sangre es suficiente para limpiar toda clase de suciedad en tu corazón.


Pastor William E. López Iglesia de Cristo Nación Santa